lunes, 26 de marzo de 2012
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LARRINAGA: Un Hombre y sus Sueños
Autora: Elvira García
Promotora Cultural y Editora
Según el Gran Diccionario de Sinónimos y Antónimos. Editorial ESPASA-CALPE, en su Edición de Madrid- 1987, la palabra "sueño" tiene varios sinónimos como son: adormecimiento, cabezada, ensueño, ilusión, letargo, somnolencia, soñera, dormida, fantasía, macho, pesadez, quimera. Tomemos sólo uno de ellos: "ilusión".
Según el propio diccionario "ilusión" es igual a "deseo", y "deseo" a su vez tiene varias acepciones, entre las que podemos encontrar: "anhelo" y "aspiración". De eso es precisamente de lo que queremos hablar en el caso de Arnaldo Larrinaga: de sus anhelos y aspiraciones más profundas como creador, artista y pintor.
Desde la mas tierna infancia, Larrinaga siempre "soñó" ser pintor, realidad que pudo comenzar a llevar a la práctica a los 17 años. De sueños y anhelos se forjó esta historia. De fugas de colores inmersas en los avatares del tiempo. De sonidos musicales como lamentos lejanos. De talento, lágrimas, esperanzas, fuego e inteligencia, de rememoranzas de los ancestros familiares africanos e incluso ¿ por qué no? asiáticos.
Su cuna: humilde y sabia, con esa sabiduría de una abuela mulata que lo adoraba, descendiente de africanos esclavos, y tal vez de blancos españoles, de ahí su apellido vasco. De una madre que sufrió la marginación de su raza. De un padre cocinero de barco de la marina militar que viajó parte del mundo. De la mezcla de las religiones africana y católica.
De sus vecinos, el hombre blanco con la mujer negra que le enseñó a escuchar jazz, una de sus melodías preferidas. Y del otro vecino que era pintor, y que Larrinaga niño veía pintar infatigablemente cada tarde, apoyando su tierna cabecita en la balaustrada de hierro frío de su ventana.
En la infancia con su juego preferido: "cabarets" con papelinas de colores que confeccionaba con sus propias manos, y a los cuales les incorporaba la luz del astro rey o una simple linterna, y en los que su pupila infantil veía el juego de la luz y la sombra, y la distorsión del espectro de los colores.
En sus pinturas este hombre plasma sus más increíbles ensueños, que coinciden tal vez con el "surrealismo" de Luis Buñuel, o con las "fantasías" de Spielberg. Su melodía interior es creada, procesada y filtrada en su cerebro, donde las imágenes se mezclan y entremezclan en una "danza de colores" que tiene su propio ritmo.
El ritmo en la pintura de Larrinaga es contrapuesto: el color, la casi ausencia de color o el empleo de escasos colores. Prefiere los sepias, tierras, grises y negros sobre un fondo o todo blanco o todo negro. Su pintura "vibra" ante los ojos del espectador, con un inconfundible grafismo que es un sello propio de su obra.
Larrinaga pinta "temperamentalmente" durante interminables días y noches en vela en su cerebro, para luego plasmarse de un solo golpe en el lienzo o el papel de forma espontánea, en un juego de superposición de transparencias que es casi interminable. Su magia reside precisamente en esa forma de trabajar. Por eso sus pinturas, en relación a las gamas, son irrepetibles y muy dificiles de copiar, difíciles incluso a la hora de reproducirlas.
El trazo firme del Maestro se vislumbra a simple vista. Trazo sensual y voluptuoso que deviene de su propia adoración por las mujeres a las que idealiza como Diosas en sus lienzos, rodeándolas de elementos vegetales o marinos que casi siempre están presentes en su pintura.
O sus misteriosas figuras de "Los Negros Brujos", que invariablemente están atadas por cuerdas y con las bocas abiertas en un interminable grito de dolor, intentando mostrar que así se ha sentido él mismo en complejas etapas de su azarosa existencia; y las cuales han devenido también de profundos estudios teóricos realizados sobre la obra del investigador, etnólogo y folclorista Don Fernando Ortíz.
O la división del espacio de forma connotada, donde establece su primera contra posición con sus horizontes "texturales" que insertan los dos planos, y en los que logra efectos de un sello muy personal, dotados de un gran atractivo y riqueza imaginativa.
O sus elementos geométricos como el triángulo, símbolo de Dios, y al cual coloca como protagonista central de su obra, tal vez queriendo denunciar que el equilibrio y la justicia divinas faltan en el mundo, y que es necesario ir de forma urgente a su encuentro.
O sus "crucifixiones" con Jesús o sin él, donde parece que el crucificado es el propio Artista. Por eso lo ha pintado, porque lo lleva muy adentro e intenta llevar a la práctica sus enseñanzas en su propia vida diaria, en su devenir cotidiano, en un afán casi inconsciente por acercarse cada vez más y de manera humilde a su ejemplo.
O sus peces misteriosos que navegan en mares color oro, azul y hasta negro. El mar es solo un pretexto para expresar su estado anímico y vivencial. No puede vivir sin él, ni podrá nunca. ¡Lo necesita imperiosamente!.
O sus grandes espacios en blanco, en los que quiere expresar su interminable búsqueda de la espiritualidad, la pureza y los valores más positivos del ser humano. Ese blanco que parece dejar traslucir su innata filosofía asiática, tal vez procedente de algún remoto antepasado desconocido en la larga cadena familiar, y cuya huella se puede observar a simple vista en los hermosos ojos negros "rasgados" de este singular hombre.
O sus aves paradisiacas con las que se recrea en el uso del color, dejándolas sin embargo casi siempre quietas y sin movimiento, o a veces en vuelo, en espera de algún importante mensaje que el pintor quiere trasladar a la especie humana.
O sus hermosos textos poéticos que en ocasiones coloca a capricho en sus obras, y donde se pone de manifiesto su inveterada costumbre de "hacer poesía". Poesía que ejecuta con el pincel y con el texto.
O sus obsesiones en la búsqueda del Amor: amor universal a todo y a todos, que pervive allá en la más sensible y profunda fibra del creador. Por eso dedica siempre todas sus creaciones con una simple frase: "Con todo el Amor del Mundo...".
O las obras de "La altura de tu medida", a la medida de los hombres, en las que incorpora los más hermosos elementos del Universo: el Sol, la Luna, el mar, la arena, las piedras, en fin, las huellas del Hombre a su paso por la vida.
O su tan mil veces nombrada "Identidad", donde refleja todo el estallido de color de su tierra originaria, que latió durante muchos años en sus más profundos sentimientos, con una mezcla de admiración, sobrecogimiento y dolor, y que aún hoy pervive en sus recuerdos.
Para este Artista su "mundo mágico" es infinito. Esto puede apreciarse en las miles de formas diversas que salen de su pincel, en sus transparencias "gama sobre gama" que se superponen creando hermosas combinaciones de colores, en sus texturas visuales o matéricas, o la combinación de ambas en una misma obra, creadas por un método "secreto" que solo él conoce; en sus grafismos que suelen ser negros o rojos. O en el "rallado" de la tela, que infinidad de veces agrede sin compasión con una simple espátula, pero sin llegar a romperla, como si a su pesar la acariciara.
Su obra se "mueve", "baila" sobre el lienzo o el papel, intentando trasladar su estado anímico, su "hiperkinesia", incorporándose así al propio movimiento y desarrollo del Universo y la raza humana, que no descansan.
El Artista no duerme. Su ojo inquieto busca y rebusca en cada detalle, en cada huella, sombra o particularidad de su entorno, en cada misterio desvelado o por desvelar. Su inspiración: la vida y el Hombre. Su reclamo: la justicia y un mundo mejor. Su propósito: la universalidad de su pintura. Esa universalidad que día a día y en su incansable búsqueda de la perfección, lo va retando a abordar temas nuevos que surgen a raudales de su memoria. Su pupila y su mano no descansan, símbolo innegable de que a este creador aún le queda mucho por hacer.
Madrid, España
26 de Marzo/ 2012
Autora: Elvira García
Promotora Cultural y Editora
Según el Gran Diccionario de Sinónimos y Antónimos. Editorial ESPASA-CALPE, en su Edición de Madrid- 1987, la palabra "sueño" tiene varios sinónimos como son: adormecimiento, cabezada, ensueño, ilusión, letargo, somnolencia, soñera, dormida, fantasía, macho, pesadez, quimera. Tomemos sólo uno de ellos: "ilusión".
Según el propio diccionario "ilusión" es igual a "deseo", y "deseo" a su vez tiene varias acepciones, entre las que podemos encontrar: "anhelo" y "aspiración". De eso es precisamente de lo que queremos hablar en el caso de Arnaldo Larrinaga: de sus anhelos y aspiraciones más profundas como creador, artista y pintor.
Desde la mas tierna infancia, Larrinaga siempre "soñó" ser pintor, realidad que pudo comenzar a llevar a la práctica a los 17 años. De sueños y anhelos se forjó esta historia. De fugas de colores inmersas en los avatares del tiempo. De sonidos musicales como lamentos lejanos. De talento, lágrimas, esperanzas, fuego e inteligencia, de rememoranzas de los ancestros familiares africanos e incluso ¿ por qué no? asiáticos.
Su cuna: humilde y sabia, con esa sabiduría de una abuela mulata que lo adoraba, descendiente de africanos esclavos, y tal vez de blancos españoles, de ahí su apellido vasco. De una madre que sufrió la marginación de su raza. De un padre cocinero de barco de la marina militar que viajó parte del mundo. De la mezcla de las religiones africana y católica.
De sus vecinos, el hombre blanco con la mujer negra que le enseñó a escuchar jazz, una de sus melodías preferidas. Y del otro vecino que era pintor, y que Larrinaga niño veía pintar infatigablemente cada tarde, apoyando su tierna cabecita en la balaustrada de hierro frío de su ventana.
En la infancia con su juego preferido: "cabarets" con papelinas de colores que confeccionaba con sus propias manos, y a los cuales les incorporaba la luz del astro rey o una simple linterna, y en los que su pupila infantil veía el juego de la luz y la sombra, y la distorsión del espectro de los colores.
En sus pinturas este hombre plasma sus más increíbles ensueños, que coinciden tal vez con el "surrealismo" de Luis Buñuel, o con las "fantasías" de Spielberg. Su melodía interior es creada, procesada y filtrada en su cerebro, donde las imágenes se mezclan y entremezclan en una "danza de colores" que tiene su propio ritmo.
El ritmo en la pintura de Larrinaga es contrapuesto: el color, la casi ausencia de color o el empleo de escasos colores. Prefiere los sepias, tierras, grises y negros sobre un fondo o todo blanco o todo negro. Su pintura "vibra" ante los ojos del espectador, con un inconfundible grafismo que es un sello propio de su obra.
Larrinaga pinta "temperamentalmente" durante interminables días y noches en vela en su cerebro, para luego plasmarse de un solo golpe en el lienzo o el papel de forma espontánea, en un juego de superposición de transparencias que es casi interminable. Su magia reside precisamente en esa forma de trabajar. Por eso sus pinturas, en relación a las gamas, son irrepetibles y muy dificiles de copiar, difíciles incluso a la hora de reproducirlas.
El trazo firme del Maestro se vislumbra a simple vista. Trazo sensual y voluptuoso que deviene de su propia adoración por las mujeres a las que idealiza como Diosas en sus lienzos, rodeándolas de elementos vegetales o marinos que casi siempre están presentes en su pintura.
O sus misteriosas figuras de "Los Negros Brujos", que invariablemente están atadas por cuerdas y con las bocas abiertas en un interminable grito de dolor, intentando mostrar que así se ha sentido él mismo en complejas etapas de su azarosa existencia; y las cuales han devenido también de profundos estudios teóricos realizados sobre la obra del investigador, etnólogo y folclorista Don Fernando Ortíz.
O la división del espacio de forma connotada, donde establece su primera contra posición con sus horizontes "texturales" que insertan los dos planos, y en los que logra efectos de un sello muy personal, dotados de un gran atractivo y riqueza imaginativa.
O sus elementos geométricos como el triángulo, símbolo de Dios, y al cual coloca como protagonista central de su obra, tal vez queriendo denunciar que el equilibrio y la justicia divinas faltan en el mundo, y que es necesario ir de forma urgente a su encuentro.
O sus "crucifixiones" con Jesús o sin él, donde parece que el crucificado es el propio Artista. Por eso lo ha pintado, porque lo lleva muy adentro e intenta llevar a la práctica sus enseñanzas en su propia vida diaria, en su devenir cotidiano, en un afán casi inconsciente por acercarse cada vez más y de manera humilde a su ejemplo.
O sus peces misteriosos que navegan en mares color oro, azul y hasta negro. El mar es solo un pretexto para expresar su estado anímico y vivencial. No puede vivir sin él, ni podrá nunca. ¡Lo necesita imperiosamente!.
O sus grandes espacios en blanco, en los que quiere expresar su interminable búsqueda de la espiritualidad, la pureza y los valores más positivos del ser humano. Ese blanco que parece dejar traslucir su innata filosofía asiática, tal vez procedente de algún remoto antepasado desconocido en la larga cadena familiar, y cuya huella se puede observar a simple vista en los hermosos ojos negros "rasgados" de este singular hombre.
O sus aves paradisiacas con las que se recrea en el uso del color, dejándolas sin embargo casi siempre quietas y sin movimiento, o a veces en vuelo, en espera de algún importante mensaje que el pintor quiere trasladar a la especie humana.
O sus hermosos textos poéticos que en ocasiones coloca a capricho en sus obras, y donde se pone de manifiesto su inveterada costumbre de "hacer poesía". Poesía que ejecuta con el pincel y con el texto.
O sus obsesiones en la búsqueda del Amor: amor universal a todo y a todos, que pervive allá en la más sensible y profunda fibra del creador. Por eso dedica siempre todas sus creaciones con una simple frase: "Con todo el Amor del Mundo...".
O las obras de "La altura de tu medida", a la medida de los hombres, en las que incorpora los más hermosos elementos del Universo: el Sol, la Luna, el mar, la arena, las piedras, en fin, las huellas del Hombre a su paso por la vida.
O su tan mil veces nombrada "Identidad", donde refleja todo el estallido de color de su tierra originaria, que latió durante muchos años en sus más profundos sentimientos, con una mezcla de admiración, sobrecogimiento y dolor, y que aún hoy pervive en sus recuerdos.
Para este Artista su "mundo mágico" es infinito. Esto puede apreciarse en las miles de formas diversas que salen de su pincel, en sus transparencias "gama sobre gama" que se superponen creando hermosas combinaciones de colores, en sus texturas visuales o matéricas, o la combinación de ambas en una misma obra, creadas por un método "secreto" que solo él conoce; en sus grafismos que suelen ser negros o rojos. O en el "rallado" de la tela, que infinidad de veces agrede sin compasión con una simple espátula, pero sin llegar a romperla, como si a su pesar la acariciara.
Su obra se "mueve", "baila" sobre el lienzo o el papel, intentando trasladar su estado anímico, su "hiperkinesia", incorporándose así al propio movimiento y desarrollo del Universo y la raza humana, que no descansan.
El Artista no duerme. Su ojo inquieto busca y rebusca en cada detalle, en cada huella, sombra o particularidad de su entorno, en cada misterio desvelado o por desvelar. Su inspiración: la vida y el Hombre. Su reclamo: la justicia y un mundo mejor. Su propósito: la universalidad de su pintura. Esa universalidad que día a día y en su incansable búsqueda de la perfección, lo va retando a abordar temas nuevos que surgen a raudales de su memoria. Su pupila y su mano no descansan, símbolo innegable de que a este creador aún le queda mucho por hacer.
Madrid, España
26 de Marzo/ 2012
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